Un nuevo testimonio revela abusos sexuales en Montserrat

Un nuevo testimonio denuncia abusos sexuales por parte del monje Andreu Soler, que estuvo en contacto con niños durante cuatro décadas tras fundar el grupo de escolta 'Els Nois de Servei de Montserrat'. Ricard, que ahora tiene 55 años, ha explicado su caso a los periodistas de 'Ara' y demuestra así que los abusos denunciados por el exescolta Miguel Hurtado a EL PERIÓDICO no fueron aislados.

Ricard explica que estuvo unos días en Montserrat cuando tenía unos 15 años y que durante la primera noche Andreu Soler "se metió en su cama y le hizo tocamientos en los genitales". Ricard pensó en un primer momento que su acercamiento podía tener una "intención pedagógica", pero rápidamente comprendió que era una actitud totalmente inapropiada y decidió parar en seco. "Le dije: 'Hermano Andreu, ya está, dejémoslo aquí'", explica en 'Ara'.

El Monasterio de Montserrat, por su parte, analizará este caso y otros que puedan aparecer en su recién creada Comisión Independiente de Transparencia, creada esta misma semana para analizar cualquier caso de abuso sexual a menores que pueda afectar a la comunidad religiosa. "Hemos estado hablando con estos periodistas (sobre el caso de Ricard), del que no teníamos conocimiento. Si la gente no lo explica, no se puede actuar", explica el director de comunicación de la abadía, Oscar Bardají, a EL PERIÓDICO.

Bardají recuerda que las posibles víctimas de abusos sexuales pueden contactar con esta comisión a través del correo electrónico transparencia.montserrat@gmail.com; y que una vez se haya investigado y valorado cada caso se hará público. "Como es lógico, contactaremos con las presuntas víctimas previamente para saber si quieren o no que se haga público su nombre", puntualiza el director de comunicación, quien desconoce si estos días han recibido correos electrónicos denunciando más conductas impropias. "Los únicos que tienen acceso son los miembros de la comisión, y actúan de manera independiente", añade.

La historia de Hurtado

Hurtado, de familia creyente, se convirtió en uno de los 'scouts' del monasterio a finales de los noventa. Un fin de semana al mes los menores pernoctaban en la abadía. El domingo hacían labores como mantener el orden durante la misa o vigilar los cochecitos de bebé cuando se formaban las colas para adorar a La Moreneta. Por las noches dormían en una residencia con habitaciones con literas. Allí es donde sufrió los abusos.

Los abusos comenzaron cuando Hurtado tenía 15 o 16 años y Soler, 65 años. "Soler me observó durante casi un año y cuando vio que estaba pasando una mala época, se acercó". Al principio quería quedarse con él a solas en lugares comunes, como el comedor. Pero un día se presentó en su habitación. De entrada, le habló de temas neutros: "familia, amigos, escuela... pero luego sacó temas sexuales". "Me subrayaba que no debía masturbarme... y al hacerlo también metía la mano bajo mi ropa interior y me decía que 'esto' era malo".

Los abusos se produjeron puntualmente cada vez que subía a dormir, durante un año. "Algunos incluso ocurrieron mientras había otro chaval en la litera superior. La conversación que oía el otro chico era normal, pero no veía que con las manos "estaba abusando de mí", cuenta Hurtado para demostrar "la sangre fría" con la que actuaba. El acoso fue en aumento, hasta que un día "me besó". "Comenzó en la mejilla y de ahí se fue hasta la boca y trató de meterme la lengua. Resistí apretando los dientes y dejando el cuerpo rígido, en una postura corporal de 'no' que no le importó". Entonces, Hurtado aceptó lo que no había querido aceptar hasta ese momento: "Estábamos en Montserrat y él era un monje, pero aquello no estaba bien".

El monasterio, que llegó a pagar 7.200 euros de terapia psicológica para Hurtado, nunca denunció los hechos.