Tengo una carta para ti

19.09.2020

Sevilla, septiembre del 2020

Hola Kristoph,

Yo sé, que no te mereces ser llamado por tu nombre. Pero quiero que quede claro, que no haya ninguna duda, que es a ti a quien va dirigida mi carta.

Probablemente jamás leerás estas palabras. Ni siquiera sé si aún vives. Cosa, que francamente me da igual. Nunca le he deseado la muerte a nadie, o al menos eso creo. De todas maneras, tarde o temprano a todos nos llegará.

Tal vez, en algún momento, te hayas preguntado que habrá sido de Juanito.Siempre te gustó llamarme así desde que supiste que ese era el diminutivo de mi nombre:"Juanito, der kleine Spanier" (Juanito, el españolito)

Que miserable fuiste al usar un diminutivo para fingir ternura, cariño, amistad y confianza. Dudo que te acordaras o te acuerdes de mí. Seguro que tu mente perversa y malévola encontró a otros "Juanitos" para entretenerte. Este pensamiento, entre tantos otros, me hace sufrir mucho:

¿Y si hubiese hablado?

¿Y si hubiese revelado ese secreto impuesto bajo amenaza y chantaje?

¿Y si te hubiese señalado?

¿Y si te hubiese delatado?

¿Tal vez pude haberte parado?

¿Tal vez pude haber evitado el daño a otros niños inocentes?

¿Y si...................tal vez...........?

Nada de eso ocurrió. La semilla, que tan magníficamente plantaste dentro de mí, en lo más profundo de mi alma, surtió efecto. Echó raíces, floreció y se ramificó dando frutos como el temor, la culpa, la vergüenza, la soledad y la desesperanza. Por mencionar algunos de los muchos frutos que germinaron.

No obstante, te voy a responder por si algún día has querido saber de mí. Después de ti ya nadie más volvió a llamarme Juanito. En realidad, casi nunca lo hizo nadie, salvo tú. Me robaste la infancia, anulaste mi adolescencia, perturbaste y enfermaste al adulto. Secuestraste mi alegría, mis ganas de vivir, la capacidad de disfrutar, amar y confiar.Raptaste mi salud y te apoderaste de mi cuerpo y mente intoxicándolos con los recuerdos que me dejaste a cambio.

Ya no soy Juanito, aquel niño asustadizo y desprotegido que pintaba huevos de pascua contigo. Ni tampoco ese niño que te llevabas al bosque a buscar madera y ramitas de abeto. La madera era para fabricar juntos las casitas para los pajaritos. Las colgábamos en los árboles del jardín para proporcionarles agua y comida a los animalitos durante el invierno. Las ramitas de abeto para hacer, también juntos, las coronas de adviento con sus cuatro velitas y otras decoraciones navideñas.

Sí, NO SE ME HA OLVIDADO NADA !!!

Me horrorizaba entrar contigo en ese bosque. Yo temblaba entre la maleza sintiendo caer sobre mi todo el peso de tu perversión y maldad. Como tampoco se me han olvidado las humillaciones y atrocidades a las que me sometías en aquella maldita casa. ¿Olvidado?.............¡Qué va, en absoluto!.............Incluso las recuerdo ahora mejor que nunca.

A pesar de todo, Juanito se hizo Juan. Un hombre homosexual. No sé si por la sexualidad que me impusiste de niño o porque la naturaleza o el destino ya me tenían reservado ese rol.Un hecho que sinceramente no me preocupa y, dicho sea de paso, tampoco viene a cuento, ni le importa a nadie. Soy como soy y cada día que pasa me siento más orgulloso y fuerte.

Pero tú, Kristoph, has perdido! Has fracasado porque tú no tienes nada de lo que puedas estar orgulloso. ¡No tienes nada! Has perdido Kristoph porque los frutos de tu semilla han madurado y se caen de las ramas. Las ramas se secan, sus raíces se pudren. Tu semilla, que tan bien colocaste dentro de mí poco a poco pierde su fertilidad.

Extirparé del todo esa semilla envenenada y estoy venciendo y cerrando las heridas. Quedarán cicatrices feas, lo sé. Pero no me importan porque son vestigios de mi fortaleza y supervivencia recorriendo el camino de la vida. Y, como dice una canción alemana que tú bien conocerás: En algún momento, en algún lugar y de algún modo, nos volveremos a ver; porque en cualquier momento, en cualquier lugar y de cualquier manera todo esto acabará.

Ignoro si pagarás, has pagado o incluso estás pagando por los crímenes que has cometido. Como ya sabes que es a ti a quien va destinada esta carta, dejaré de llamarte por tu nombre y emplearé aquéllos que te corresponden:

Criminal, Perverso, Maltratador, Traidor, Cobarde

Saludos de un vencedor