Quienes sufren abusos sexuales sólo hallan trabas para romper el silencio y pasar página

Sin dar la cara Joaquín Benítez entró y salió de los juzgados cubriéndose la cara con un pasamontañas. Abajo, algunas de las pintadas que aparecieron por la mañana en la fachada del centro de Sants-Les Corts (Lluis Gene / AFP)
Sin dar la cara Joaquín Benítez entró y salió de los juzgados cubriéndose la cara con un pasamontañas. Abajo, algunas de las pintadas que aparecieron por la mañana en la fachada del centro de Sants-Les Corts (Lluis Gene / AFP)

El caso Maristas ha despertado fantasmas del pasado. Las víctimas sufrieron esos ataques sexuales en silencio; tardaron años en reunir el valor suficiente para denunciarlos y, una vez dado el paso, la realidad no es la que esperaban. Algunas víctimas afirman no haberse sentido arropadas en este proceso y otras han sabido que su caso jamás llegará a un juzgado al considerar la ley prescritos esos hechos.

Los que esperaban que la congregación religiosa respondiera penalmente por lo ocurrido no han visto cumplido ese deseo, como tampoco las víctimas que rompieron su silencio para ver a más religiosos sentados en el banquillo de los acusados. Así que la sensación de desamparo y soledad ha reaparecido.

Llegados al capítulo actual de esta historia caben plantearse varias preguntas. ¿Por qué han tardado tanto esas víctimas en denunciar los abusos sexuales? ¿Qué esperan ahora de la justicia, una vez dado ese difícil paso? ¿Han estado las administraciones a la altura para ayudarles a pasar página?

Un estudio de la Sociedad Catalana de Victimología ha intentado buscar respuesta a estos y otros interrogantes e indagar por qué muchos abusos sufridos por menores quedan impunes. Los resultados de ese trabajo -elaborado por el magistrado Josep Maria Tamarit; la investigadora del grupo de Investigación en Victimización Infantil y Adolescente, Judit Abad y Patricia Hernández, profesora de criminología de la UOC- cobran ahora de nuevo actualidad al poder ser extrapoladas a lo vivido por las víctimas del caso Maristas.

La investigación analiza en primer lugar los motivos que inhiben la denuncia de abusos sexuales. Fueron entrevistadas más de una veintena de víctimas que pasaron por ese infierno cuando eran menores. Algunas denunciaron muchos años después los hechos; otras no lo han hecho aún, ni piensan hacerlo en un futuro.

Josep Maria Tamarit no esconde, en ese informe, su preocupación por "el hecho de que sólo se denuncien un diez por ciento de los abusos y agresiones sexuales cometidos sobre menores". Y recuerda que diferentes estudios internacionales "alertan de que una de cada cinco personas ha sufrido algún abuso sexual cuando era menor". La mayoría de esos casos jamás verán la luz.

¿Y por qué ese silencio? "Hay víctimas que tienden a minimizar los hechos cuando los padecen para evitar vivirlos como algo grave y evitar la estigmatización inherente a la condición de víctimas", recoge ese estudio. Una de las personas entrevistadas en esta investigación lo expresaba así: "Hasta que tuve la seguridad de que no era culpable no me planteé el hecho de denunciar. ¿Y si me preguntan por qué no dije que no? ¿Y por qué estuve tanto tiempo? Piensas que no sabrás defender tu postura cuando te pregunten".

Al tratarse de menores hay un estado de confusión que impide valorar lo que está pasando. "Recuerdas las imágenes; estás en un estado de pánico, aunque no entiendes nada. En aquel momento es imposible poner nombre a aquello. La palabra abuso la pones después, cuando lo racionalizas, pero cuesta mucho", confiesa otro de los entrevistados.

Cuando los agresores forman parte del entorno más directo de la víctima (familia, conocidos, profesores, tutores...), algunos de esos menores -confirma el mismo estudio- "adoptan un rol protector hacia el abusador". Les cuesta mucho más denunciar por temor a no ser creídos, para no romper los lazos con el agresor o por la respuesta de la propia familia, que también conoce a ese abusador. "Yo no hablo porque si lo hago para esa familia será un cataclismo (...) es un sentimiento mal entendido de protección hacia alguien que te está agrediendo", cuenta otra de las víctimas entrevistadas en este trabajo.

En esa investigación se constató, asimismo, que la mayoría de víc­timas que callan no rompen su ­silencio al percibir que "la denuncia carece de sentido en el momento actual por el largo tiempo trans­currido desde el abuso, porque no recuerdan bien los hechos o ­estiman que la denuncia no va a aportarles nada nuevo en su pro­ceso de recuperación. Así lo expresaba otra de las víctimas entrevistadas: "No creo que la justicia tenga que intervenir en estos casos. Esto pasó hace muchos años (...). Lo que yo necesito es que quien me hizo daño me lo reconozca a mí, no delante de la justicia".

Ese sentimiento choca con la postura de otras víctimas, que una vez se arman de valor para de­nunciar los hechos, sí esperan que se haga justicia. Y la exigen de ­forma inmediata. Por eso, recalca el informe, resulta tan importante que el sistema judicial y las administraciones reaccionen con contundencia. Lo que no parece haber ocurrido -escuchando las manifesta­ciones de algunas de las víctimas del caso Maristas- en ese proceso.

En el estudio de la Sociedad Catalana de Victimología se recalca que la mayoría de víctimas entrevistadas manifestó su malestar por el trato recibido al presentar la denuncia. Recibieron poca información relativa al proceso que iba a iniciarse o sobre "las opciones terapéuticas" para superar el trauma. Es algo que hay que corregir. Los expertos encargados de esta investigación consideran que todo sería mucho más fácil para esas víctimas "si se les ofreciera la posibilidad de iniciar un proceso de recuperación emocional antes de afrontar la denuncia". En este trabajo casi la mitad de las víctimas que han rehusado denunciar los abusos padecidos cuando eran menores confesaron "no sentirse emocionalmente preparadas para iniciar esos procesos". Los que deciden guardar silencio creen (opinión que con un apoyo adecuado podría cambiar) que no compensa "revivir los hechos, la culpa o la vergüenza que durante años les ha bloqueado".

Cuando denuncian, la maquinaria judicial debe de ser exquisita con estas víctimas. "Es importante que conozcan sus derechos y ­prepararlas para que sus sen­timientos de culpa y credibilidad no reaparezcan en caso de que la ­sentencia no sea la que ellos esperan", concluye el estudio.