Pepe "el buitre"

  • Haga usted el favor de pararse ahí a la derecha y enseñarme la documentación, la suya y la de la moto... ¿Usted tiene edad para conducir? ¿Qué cilindrada es...?

Tras su viril tosquedad, su grueso talle y su voz imperativa, adivinaba cierta amabilidad y comprensión, en su mirada no podía disimular que se escondía un hombre con una capacidad inmensa de comprensión y empatía. Le acompañaban tres guardias, y él llevaba la voz cantante porque el resto se mantenía distante, a un paso por detrás, con la mirada y la escucha atenta a lo que el cabo decía. Mientras le leían mi documentación y él rellenaba el estadillo de denuncia, me explicaba con actitud pedagógica pero firme la diferencia entre la luz corta y la luz de cruce, a mí siempre me llamaba la atención que los de la Guardia Civil me hablaran de Usted, con respeto y cercanía, independientemente de lo que hiciera, en ese momento estaba allí en medio de una carretera de la sierra entre Cádiz y Málaga, sin nadie alrededor, pero si me hubieran agarrado en delito flagrante en otra parte de España o en cualquier parte de la frontera de Algeciras cargado de mercancía seguirían tratándome de usted. La policía sin embargo era diferente, por cualquier cosa ya te trataban de otra manera:

- Chaval, eres un niñato de mierda y te vamos a joder...

El caso es que me hallaba en medio de la sierra en una moto de 75 centímetros cúbicos, a más de ciento cincuenta kilómetros de mi casa y con dieciséis años, me dirigía a la costa, estaba de vacaciones, y en vez de optar por coger el tren facturando la moto en el vagón de motocicletas, que era lo lógico, había preferido gastar el dinero del billete en gasolina y llegar montado en ella, pero..., llegaría atravesando la sierra, por la ruta de los pueblos blancos y la Sierra de las Nieves, haría un trayecto de cien kilómetros más largo, pero de cien sensaciones más placenteras. Las noches anteriores las había pasado sin dormir recorriendo mentalmente el trayecto, y en el mapa del Atlas de Geografía que tenía en la salita de casa recorrí con el dedo el camino a seguir y las diferentes alternativas una y otra vez, hice los cálculos del consumo de gasolina y apliqué las fórmulas sobre velocidad aprendidas en clase de Física para hallar las horas de viaje y tiempos estimados de llegada a cada punto una y otra vez.

La Sierra de las Nieves es uno de mis lugares favoritos, nunca he estado ni la he visto con nieve, pero es un paisaje encantador, hay un puente en el trayecto que la cruza en el que si te paras a un lado y observas , estas desde lo más alto viendo las montañas todas inundadas de verde a uno y otro lado, y es verde de pinos, pinos de diferentes especies con nombres raros y complejos, algunos en especie de extinción y únicos en el mundo. La gama de verdes es tan extensa que si intentas contar los diferentes tonos te pierdes y no logras saber el número, te pierdes antes y terminas agotando la paciencia y optando por decidir que lo importante es disfrutar sabiendo que hay muchos tonos diferentes para quedarte tranquilo sin necesidad de contarlos. Cuando observo desde el puente siempre sueño que paseo bajo los pinos imaginando los carriles con formas caprichosas que se formarán bajo estos, siempre sombríos por no llegarles la luz, aunque es una semioscuridad segura y agradable, con piñas y ramas secas por todo el suelo, entre la tierra húmeda, donde al andar se irán quedando las huellas que durarán días, pues seguro que no corre el viento ni se mueve nada allí abajo, los pinos lo protegen todo y apenas se puede ver el cielo si miras hacia arriba pues las copas lo ocultan y solo se vislumbran tenues hilos de luz que se abren paso entre las hojas de alfiler más altas, donde hay menos densidad...

(...)

  • Chaval, si yo a ti te conozco, yo soy el padre de Pepe M...

Una amplia sonrisa iluminó la cara del Guardia Civil, la tarde era calurosa y estábamos en una carretera de doble sentido, estrecha, de las que ya pocas quedan, bajo la sombra de los árboles. Recordé que mi amigo Pepe M. venía de por ahí, de los pueblos de la Sierra, siempre andaba solitario, era moreno con el flequillo mal cortado, pegado a la frente, las paletas irregulares, bajito y muy delgado, siempre andaba con la sudadera azul y los vaqueros, su padre estaba destinado en un pueblo de la sierra y él siempre andaba solitario, sin amigos, le llamaban el buitre. Nunca iba a la venta y nunca llevó tabaco, cuando encendías un cigarro se te sentaba al lado y esperaba, esperaba pacientemente a que hubieras fumado gran parte del cigarrillo, la gente lo insultaba

- José Luis, ¿Me das la pava?

Su manera de agarrar las pavas era peculiar, pulgar e índice de la mano derecha, haciendo rotar la colilla hacia adentro, inhalaba el humo como si fuera la última bocanada,

- Gracias, el día que tenga tabaco... te lo debo...

Una vez un Sábado su padre vino a visitarlo y le dejaron salir, pasearon por la tarde por la calle principal del pueblo, junto a su madre, se les notaba inquietos, él buscando una cara amiga a la que saludar para que su padre lo viera, su padre porque notaba que su hijo no tenía a nadie a quien presentarle, al menos eso intuí, me acerqué efusivamente dejando a un lado al Gallego y a Filo, que íbamos camino de los jardines

  • Mira Papá, este es José Luis, duerme cerca mía
  • Encantado...

Su padre le había traído un paquete de cigarros y Pepe lo sacó de su bolsillo con solemnidad, manteniéndome la mirada fija y la sonrisa firme, cada movimiento parecía formar parte de un todo armónico, su mano deslizándose hasta el paquete, sacarlo, abrirlo, extenderlo, alargó su mano y me ofreció los Ducados, cuando puse el pitillo sobre mis labios su padre completó el ritual encendiéndolo con su mechero sin dejar de alternar la mirada entre su hijo y la mía, Pepe estaba inflado de orgullo, sonriente, guardó satisfecho su paquete en el bolsillo y ambos, padre e hijo, estrecharon mi mano. Fue un acto que hizo sentirme protagonista.

Mientras bajaba por la calle hacia los balcones de los jardines mi amigo Eladio comentaba

  • No se lo van a creer cuando lo cuente, es apoteósico, el buitre te dio un cigarro...

(...)

  • Esta denuncia no la voy a presentar, se la voy a dar a mi hijo Pepe, para que en Septiembre cuando os veáis te la lleve, verás cómo se va a reír... y... ándate con cuidado que eres muy joven, y ponte el casco...

Cuando llegué en Septiembre Pepe me esperaba con la denuncia en la mano y corría hacia mí por los pasillos de la galería, saltaba entre las camas y reía, reía como nunca porque nunca lo había visto reír, durante días me estuvo repitiendo la anécdota, yo como siempre le daba la pava y a veces si me habían dado la asignación y compraba un paquete le daba un cigarro, valía la pena por ver su sonrisa escondida cuando le mostraba el paquete y le ofrecía un cigarro entero para él.(...)

Aproximadamente unos veinticinco años más tarde andaba de vuelta por la carretera y saliendo de Málaga por los montes, hacia el Oeste, entré en un pueblo a tomar café en una venta de las que ya quedan pocas y que están en la carretera, siempre me han gustado estas ventas, observar los clientes, los venteros, las fotos..., la estampa era la típica de las de nuestra tierra, la barra metálica, con taburetes, fotos de la historia del pueblo, las hermandades y Vírgenes de rigor, algún que otro calendario y un sin fin de carteles de toros. Acompañaban una pareja de guiris, tres paisanos entrados en edad, una familia de viajeros y dos parejas de la Guardia Civil.

- ¡Jose Luis!

Desconocía quién era, el guardia se acercó

- Jose Luis, soy yo, José M., ¿Me reconoces?

No coincidía, era alto, dentadura perfecta, pelo arreglado, fuerte y resuelto. A pesar de que me hablaba, nos estrechamos las manos y me comentó de las experiencias vividas y la anécdota de la multa de su padre, pero seguía sin relacionarlo, fue cuando le ofrecí un cigarro y lo encendió, cuando aspiró el humo y mirando hacia arriba como si fuera el último bajó la mano hacia abajo, sujetándolo con el índice y el pulgar y haciéndolo rotar, cuando me sonrió enseñándome las paletas, ahí, ahí lo vi y lo descubrí, ¡Era Pepe el Buitre...! Sentí deseos de abrazarlo, pero los bloqueos emocionales de los ASI son así, van con el oficio..., luego generan ira por no haberles dado salida en su momento y adecuadamente y puedes proyectar esta contra ti o contra otros... es la forma que tenemos, algunos la proyectan de otra manera, yo la transformaba en ira contra mí.

  • Ahora estoy aquí en la casa cuartel, de cabo, he estado en media España, he estado en ...

Mientras hablaba disociaba, disociaba levemente porque no podía permitirme estar conscientemente apto al cien por cien, supondría atender la demanda emocional, y aún no estaba preparado...

Mi vuelta a casa conduciendo fue extraña, con inquietud, rabia, impotencia y nostalgia.

(...)

Mi propósito es en mi próximo viaje que pase cerca, desviarme, y aunque han pasado años, pararme en la casa cuartel y preguntar por su actual destino, tengo que encontrarlo y verlo, ya no fumo, pero quiero invitarlo a un cigarro... y abrazarlo.


JL Álvarez